miércoles, 16 de noviembre de 2011

Un tributo al fútbol: Roberto Baggio


Si me preguntan por el mejor futbolista italiano de todos los tiempos, no tengo duda. Su nombre es Roberto y su apellido Baggio.
En un fútbol físico, táctico y gris como era el italiano en la década de los 90, marcado claramente por el famoso catenaccio, este futbolista demostró que el toque, la calidad y la plasticidad eran posibles.
Comenzó su carrera deportiva en su ciudad natal, Vicenza, pero al  poco tiempo firmó por la Fiorentina, equipo en el que se quedó su corazón pero no su fútbol. La década de los 90 marcaría su carrera jugando en grandes equipos como la Juventus de Turín, el AC Milan, Bolonia o el Inter de Milan. El último equipo en el que demostró su calidad fue el Brescia, donde se retiró en el 2004.

 
 
Con la selección italiana jugó 56 partidos y metió 26 goles, siendo uno de los máximos goleadores de la historia del país trasalpino.
A título particular su gran temporada fue la de 1992/93, marcando 21 goles en 27 partidos con la Juventus de Turín y obteniendo por ello el premio RSS al mejor futbolísta del año, el Balón de Oro y el premio Fifa World Player.



 
Si por algo destacaba este jugador, aparte de su gran calidad técnica, era la gran velocidad de movimientos, su rapidez mental descolocaba a  las defensas rivales con  quiebros imposibles, controles inverosímiles o disparos imposibles de detener. Era un jugador distinto a los demás, valiente, impredecible, dinámico y anárquico al mismo tiempo, su fútbol era de genio, de artista bohemio que no acepta más crítica que la del balón. Uno de sus puntos fuertes era el golpeo a balón parado, siempre con la pierna derecha, la escuadra de la portería rival tenía el honor de ser la primera en ver sus goles. Dolor de cabeza para los entrenadores rivales y los propios, nunca dejaba indiferente a nadie, convirtiéndose en protagonista de todo espectáculo en el que participaba.

España sufrió su calidad en el mundial de USA 94 en la persona de Andoni Zubizarreta, el pequeño jugador italiano se puso el traje de verdugo y nos eliminó en cuartos de final. Tras un gran contragolpe de Italia a tres toques, se planta delante del portero y después de regatearlo con un quiebro hacia la derecha, cruza el balón salvando al defensa rival. En ese mundial Italia fue subcampeona y gran parte del mérito lo tuvo Roberto Baggio.


Todos los que hemos podido ver al genio italiano sabemos que el fútbol no sería lo mismo sin los goles del eterno 10.


viernes, 14 de octubre de 2011

Un viaje a la nostalgia

Me gustaría comenzar esta andadura haciendo un pequeño homenaje a uno de mis ídolos de infancia, Don Mauro Da Silva Gomes.

Tuve la gran suerte de empezar a amar el fútbol allá por el año 1992, cuando un tal Mauro Silva decidía dejar el Bragantino brasileño para firmar por el Deportivo de la Coruña. Con el dorsal número 6 a su espalda pudimos disfrutar de uno de los mejores centrocampistas defensivos que han pasado por el fútbol español.

Técnicamente exquisito, era su capacidad física y colocación sobre el terreno de juego lo que le hacía un jugador especial. Él sólo abarcaba toda la parcela central del medio campo, realizaba funciones de pivote por delante de la defensa, destruía y creaba, era el pilar sobre el que se sustentaba el Deportivo y la selección brasileña.

A lo largo de su carrera compartió vestuario con auténticas estrellas del deporte rey como Bebeto, Romario, Dunga, Cesar Sampaio, Cafú, sin olvidarnos de los Fran, Valeron, Rivaldo o Djalminha, y ninguno tuvo nunca una mala palabra hacia su persona.

Se retiró en el año 2005 después de una trayectoria marcada por los éxitos deportivos, tanto a nivel de club, con seis títulos en su haber personal, como a nivel de selección, con un campeonato del mundo.

El perfil de jugador serio, educado y trabajador lo alejó de las primeras planas futbolísticas. No era un jugador mediático pero si un jugador “Top”. Su carácter afable, tan distinto a otros compatriotas que pasaron por el fútbol español, le abrió un hueco en el corazón de la ciudad donde dicen que nadie es forastero y donde siempre será venerado como lo que fue, el gran jefe de aquel Super Depor.